La electricidad llegó antes que el petróleo

El Primer vehículo en superar los 100 km/h no fue propulsado por gasolina

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Grandes nombres han hecho historia en el mundo del motor: Henry Ford, William Harley, Arthur Davidson… Pero la historia olvidó al primer hombre en rebasar la barrera de los 100 km/h: Camille Jenatzy (1868-1913), que consiguió la proeza con un vehículo eléctrico que él mismo diseñó y construyó. El 29 de abril de 1899 en Achères, cerca de París, este belga a quien apodaban “el diablo rojo” alcanzó los 105,88 km/h a bordo de su bólido bautizado como Le Jammais Contente. Y Durante 5 años ningún coche de gasolina pudo igualar tal velocidad. Jenatzy construyó su bolido en la década de 1880 y lo equipó con 2 motores eléctricos de 25kw para realizar los 2km que separaban Achères de Paris. Era un apasionado de la automoción, antes de ser el primer hombre en superar los 100 km/h ya había obtenido dos récords de velocidad,  que fueron superados por Gaston de Chasseloup-Laubat a bordo del Jeantaud, también eléctrico.

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En motos, las eléctricas también llevaban ventaja a las de gasolina, en 1860 ya se encuentran referencias sobre las primeras patentes de motos eléctricas. Esto nos muestra que en los inicios del transporte autopropulsado el vehículo eléctrico estaba más avanzado que el de gasolina. A principios del siglo XX las baterías que usaban eran de plomo y pesaban unos 50 kilos, aún así daban una autonomía de entre 50 y 70 km y una  velocidad máxima de 40 km/h. Estas cifras cobran importancia si tenemos en cuenta que en la misma época los vehículos de gasolina tenían una autonomía de 15 km entre cada repostaje y no superaban los 10 km/h.

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Aunque las prestaciones de los vehículos eléctricos eran mayores, la industria automovilística desgraciadamente se decidió por la gasolina. La red eléctrica no iba mucho más allá de las grandes ciudades. Tampoco había muchos caminos asfaltados y los coches eléctricos se hundían en el barro por el peso de las baterías. Además la gasolina costaba dos céntimos de dólar por litro, y la electricidad, allí donde podía obtenerse, 40 céntimos el Kw/h. Este fue un motivo importante en la decisión final, aunque la mayoría de la población, ya por entonces, no percibía la gasolina como algo positivo. Era algo que hasta entonces solo se vendía en las farmacias, y se desconfiaba de un producto que en su combustión producía tanta suciedad, tanto humo, tanto ruido y que podía explotar en cualquier momento.

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Todo el mundo sabe que los lobbys del petróleo y las multinacionales del motor siempre han puesto palos en las ruedas del vehículo eléctrico. Pero la primera energía en impulsar un artefacto de dos o más ruedas fué la electricidad. Hasta 1912 los vehículos eléctricos y los de gasolina convivían sin que ninguno dominara el incipiente mercado, ambos habían llegado a un nivel de desarrollo tecnológico muy parecido. Lo curioso es que fueron determinados avances eléctricos aplicados al coche de gasolina, tales como el motor de arranque, los que definitivamente hicieron decidirse a las industrias automovilísticas.

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Tal y como nos cuenta Darryl McMahon en su artículo L’inevitable cotxe elèctric, publicado en el boletín nº 4 de Volt Tour, desde esas primeras mejoras eléctricas en los vehículos de gasolina toda la tecnología introducida ha sido eléctrica, desde la iluminación hasta la incorporación del DVD, pasando por los elevalunas eléctricos, dirección asistida, ordenador de abordo… y un largo etc. Que la propulsión sea eléctrica es un cambio inevitable, el siglo XX fué el del petróleo, el XXI ha de ser el de las energías renovables impulsoras de vehículos limpios y silenciosos. La revolución en el transporte ya está aquí, y nadie la va a poder frenar.
Miguel Guilarte

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